Sobre ‘La miel’ de Tonino Guerra

Desde hace un tiempo, como individuo de la época en la que vivimos, me ha dado por pensar en el concepto de viaje: tratar de saber en qué consiste viajar. No es una idea original, desde luego: ahí están los mitos, Homero, el cine o miles de ejemplos más. Claro está que este no es el lugar de exponer ninguna conclusión ni nada por el estilo, si es que puedo decir que he llegado a alguna. (Texto completo en Cuatro Ojos Magacín)

«El libro de imágenes», de Jean-Luc Godard

«Yo no hago películas, hago cine» es la idea expresada por Jean-Luc Godard cuando se le cuestiona por su quehacer artístico ―y que puede apreciarse a lo largo de toda su trayectoria―. No hace falta señalar las innovaciones técnicas que aportó, como el tratamiento del raccord o los movimientos sin trípode, por poner dos ejemplos. Tampoco puede subsumirse bajo una mera categorización de sus distintas etapas cinematográficas. No es solo un personaje clave dentro de la nouvelle vague, o alguien que se le aleja del cine narrativo y pasa a hacer un cine de corte político (que no meramente panfletario); ni tan siquiera un experimentador a nivel visual, estético y técnico. Tampoco puede decirse, haciendo epojé, que es el autor de obras como A bout de soufflé, Vivre sa vie, Un film comme les autres, Sauve qui peut (la vie), Le mépris, Tout va bien… Su posición va más allá. Godard planea sobre cine, lo venera y lo violenta, lo cuida y lo agita.

En su última obra, El libro de imágenes (Palma de Oro Especial en el pasado Festival de Cannes), sigue esa vía abierta con la monumental Histoire(s) du cinéma (1988-1998), y, quizás, con una cierta continuidad con Ici et ailleurs (1976). (Texto completo en Cuatro Ojos Magacín)

Chubasqueros amarillos o el cine de Theo Angelópoulos

Pintar con una cámara. Combinar planos y colores; personajes y estados de ánimo. Eso es lo que hace Thódoros Angelópoulos (1935 – 2012) con su cine.

Si los pintores tienen unos colores preferidos que se reflejan en sus obras, por qué no lo va a hacer un cineasta –el término “director de cine”, para este griego fallecido tras un atropello cuando buscaba exteriores para una película, se queda corto–, se preguntaba a sí mismo Angelópoulos.

Pintar con una cámara. Combinar planos y colores; personajes y estados de ánimo. Eso es lo que hace Thódoros Angelópoulos (1935 – 2012) con su cine.

Si los pintores tienen unos colores preferidos que se reflejan en sus obras, por qué no lo va a hacer un cineasta –el término “director de cine”, para este griego fallecido tras un atropello cuando buscaba exteriores para una película, se queda corto–, se preguntaba a sí mismo Angelópoulos. Y lo cierto es que en sus películas, con esa mirada pausada y profunda, priman los colores azulados, en todos sus matices, hacia un lado y otro, hasta llegar a los múltiples grises. Un juego perfectamente articulado y pensado con la cámara que susurra al espectador un “mira” que solamente se puede sentir comprendiendo. (Artículo completo en Drugstore Magazine)