Relato aparecido en Espacio Ulises: ‘Masculinidad desorientada’

Méndez está enamorado de Sara. Llevan cuatro años de relación y desde hace medio viven juntos. Sin embargo, durante los últimos ocho meses no ha podido dejar de pensar en una compañera de trabajo llamada Gabriela. No es algo novedoso ya que otras veces se ha fijado en distintas mujeres. Lo ha justificado apelando a una extrema sensibilidad ante la belleza. Siempre ha definido esas interferencias como caprichos, pero teme que esta vez no sea un mero antojo porque su obsesión por ella, como se dice a sí mismo, dura demasiado.

A pesar de la sensación que ahora experimenta, no duda de su amor ni de su compromiso con Sara. Es más, como dispositivo de autoprotección le ha hecho saber a su pareja de la existencia de su compañera. En sus bromas a Sara aparece un personaje llamado Gabriela que hace referencia a la persona real, y cree que mediante el humor puede crear una distancia entre él y la propia Gabriela que acabe por convertirla en una especie de fantasmagoría. Méndez define este proceso como una sublimación humorística con efectos en la realidad, aunque es cierto que en el fondo -porque no lo quiere reconocer-, duda sobre el significado de tal mecanismo y de su eficacia. (Texto completo aquí)

‘Veinticuatro fotogramas por segundo’, un relato en Espacio Ulises.

La televisión de los sábados a la mañana es una basura, así que cuando Elena se hubo levantado de la cama vino a ver qué estaba viendo. 
– Nada- respondí.
Así que se sentó a mi lado y empezó a tocarme un brazo. No pude resistirme y a los pocos minutos estábamos en la habitación haciendo el amor. Después de ducharnos, desayunamos y pensamos en qué podríamos hacer a la tarde.
– Hace sol. Podemos dar una vuelta- propuse.
– Sí. O podemos ir a ver el festival de cortos que empezó el jueves.
Ante mi evidente falta de originalidad, acepté y esa misma tarde, fuimos hasta el teatro principal para coger los pases y ver la programación. Se dividía en varios actos con cinco y seis cortos cada uno, a razón de varios días. Casi todos los rodajes eran nacionales, a excepción de tres: uno lituano, otro marroquí y un francés, y que estaban intercalados en los actos. Decidimos asistir a los dos pases de la tarde. Coincidía que los filmes extranjeros era ese mismo sábado. En total, como digo, vimos nueve cortos. Entramos a las cinco de la tarde y salimos a las seis y media después del primer pase. Luego entramos a las siete y salimos cerca de las nueve. Entre cada cortometraje había un pequeño descanso. (Continuar leyendo en Espacio Ulises)