‘El autor’ de vida o de novelas

Una de las maravillosas cosas que provoca el cine, al igual que la literatura, la música o cualquier tipo de actividad artística, es la capacidad que tiene para hacer volver a surgir ciertos retazos de nuestra vida, ya fuesen momentos pasados, ilusiones o engaños. Así, el viernes pasado, al salir del cine, no podía sacarme de la cabeza a un compañero de los últimos años de instituto, al cual casi tenía olvidado; de hecho, tan solo recordaba su mote, y hasta el sábado no pude saber cómo se llamaba exactamente.

Este compañero dedicaba mucho de su tiempo a pintar. Quería ser pintor a toda costa, cuando muchos no conocíamos a algunos pintores, él era capaz de hablarte no solo de sus obras, sino de cómo había sido el proceso de creación: qué situación había llevado al artista en cuestión a pintar, cómo conseguían los materiales, sus horarios, las adicciones que tenían y cómo influían, etc. Nos quedábamos asombrados por la cantidad de conocimiento que tenía de las obras. Y, después de contarnos todos aquellos detalles, soltaba un lacónico “pero lo que importa, lo que queda, es la obra”. (Texto completo en Drugstore Magazine)

The National: calidad y calidez en la melodía

En los momentos de cambio de estación parece que el mundo se detiene y que por fin se presta un mínimo de atención a aquello que revela una belleza que nunca se esconde, pero en la que generalmente no reparamos: la luz de la tarde que envuelve nuestras acciones, el calor de una mirada que no esperábamos o el camino de vuelta a casa cotidiano.

Aunque en ocasiones cueste encontrar un sentido para todo lo que hacemos, porque la incertidumbre de nuestras vidas nos conduce a un estado de alteración permanente (desde el aburrimiento a la excitación), y que contribuye a perpetuar una época en la que a nadie parece interesarle nada que no esté relacionado con su yo más allá de los cinco minutos que dura como lo más visto o lo más comentado en no se sabe qué parte de la realidad, trabajos como Sleep Well Beast de The National pueden ayudar a reorientar nuestra perspectiva, ya que son propicios para… (Artículo completo en Drugstore Magazine)

La confesión violentamente pasional de Pablo Und Destruktion

La última frase que escribí fue: “Y, después de la tormenta: silencio”. Me levanté y cogí el coche sin tener una dirección clara, pero, de cualquier modo, decidí salir de la ciudad e internarme hacia el rural para ver campos verdes, casas de piedra y gente —poca, y cada vez menos joven— que llevan otro ritmo de vida. Sin luces de escaparates, pero con caminos de tierra; con el sonido del viento, pero sin el murmullo de las calles abarrotadas.

Ocurre, en ocasiones, que uno necesita parar o, cuanto menos, moverse de una manera distinta a la habitual. Este desplazamiento es posible, muchas veces, gracias a la música. Ver cómo interactuamos con ella y cómo nos amplía el abanico de posibilidades de relacionarnos con nuestro entorno es una de las funciones más enriquecedoras que pueden darse escuchando un disco. Así ocurre con la música de Pablo García Díaz, más conocido como Pablo Und Destruktion. (Artículo completo en Drugstore Magazine)

El otro lado del día a día

La historia del ser humano se puede resumir, de una forma vaga y rápida, como la lucha de unos individuos contra otros. Claro está que dicha lucha se puede desempeñar de maneras muy diversas y métodos muy diferentes. De esta forma, cada acto se puede entender que es una posición política, por lo que las acciones que pueden provocar un acto más directo en la realidad no tendrían que tener necesariamente una mayor carga política que aquellos otros actos que se dedican a, por ejemplo, describir un estado de cosas.

Cuando Julio Cortázar se marcha a Nicaragua en los años ochenta con la idea de dar cuenta de los hechos que allí suceden, su herramienta para promover un cambio es su máquina de escribir. Busca estar presente en el conflicto para poder contar lo que allí ve (y así quedó reflejado en Nicaragua tan violentamente dulce). (Artículo completo en Drugstore Magazine)

El final de ‘El eclipse’ de Antonioni

 

Las pequeñas batallas cotidianas con las que se configura nuestro día a día están repletas de rituales perfectamente acompasados y milimetrados. Así, nos levantamos a una hora determinada, le damos las tres vueltas de siempre al mechero con dos dedos después de encender un cigarro o visitamos las páginas web en un mismo orden. Todo de una manera automática, inconsciente. De esta forma construimos una minúscula poética de la existencia.

Pero, en cualquier momento, el objeto más insignificante, el que lleva casi más tiempo que nosotros en esa mesa que utilizamos todos los días; o la acción más corriente que hace, y ha hecho, nuestra amiga durante tantos años, se revela como algo que no somos ni capaces de saber, no ya si nos gusta o no, sino cómo ha llegado ahí o cuál es la causa de ejecutarlo: desvela una sombra oculta en su misma diafanidad: se muestra como algo extraño. (Artículo completo en Drugstore Magazine)

‘The Young Pope’ y sus diez mandamientos

En el momento en que pensé en escribir sobre la serie The Young Pope de Paolo Sorrentino, la idea era hacer una especie de crítica o de crónica acerca del visionado, pero pronto deseché dicha intención. Ya sé que quien tenga intención de acercarse a estas líneas para valorar si considera interesante o no ponerse delante de la pantalla, puede sentirse defraudado y, quizá, molesto (quizá, no sin razón).

Lo cierto es que escribir una valoración a estas alturas no tiene demasiado sentido, justamente porque hay decenas de ellas en español, y cientos si sumamos otras lenguas. Los argumentos que en ellas podemos encontrar, tanto a favor como en contra, pueden ser más de nuestro gusto o menos, según nuestra filia o fobia por el napolitano. (Artículo completo en Drugstore Magazine)

Contemplación, escucha y ‘Paterson’

En pleno invierno, hay días en los que la niebla no se levanta en todo el día, lo que hace que la realidad adquiera un tono plateado. En esas jornadas, releo fragmentos de obras con el fin de encontrar alguna frase o palabra que adquiera un nuevo sentido por el reflejo de la luz de la calle.

A veces, me topo con algún destello iluminador que hace que tropiece y vuelva la mirada a la calle, quieta. Y me pongo a pensar en la velocidad cotidiana de nuestras vidas: las idas, las venidas, los caminos a medio hacer, que son mayoría. El camino y sus impedimentos; y pienso en que debería hacer un recuento —demencial— de los momentos en los que he tropezado, anotarlos uno a uno. Y entonces, me acuerdo de Paterson, de Jim Jarmusch. (Artículo completo en Drugstore Magazine)

‘Nubes pasajeras’: una calada más en la secuencia

A lo largo de mi existencia he vivido en tres ciudades distintas. Cada una tenía un peculiar estilo, aunque es cierto que no podría colocar a ninguna por encima de otra. A pesar de residir en distintas etapas de mi vida y, por tanto, con distintas preocupaciones, siempre he repetido las mismas costumbres en cada una de ellas, aunque en alguna fuese más complicado realizarlas que en otras. Una de ellas era la de realizar la ida de un trayecto en autobús y la vuelta a pie. Una de esas absurdas manías que permiten conocer más en profundidad el sentido de las ciudades. Ver en los mismos trayectos a las mismas personas: el dependiente que siempre sacaba las cajas a la misma hora con expresión inconfundible; el taxista que estaba recostado en el asiento del coche que yo imaginaba escuchando la radio o tramando un plan para acabar con alguien, o la mujer de recepción de un hotel de mediana edad que siempre fumaba apoyada a la derecha de la columna. Paso a paso, los días corrían y nuestras vidas, en paralelo, se cruzaban, haciendo de las ciudades esos espacios de microhistorias que forman un gran rizoma. Nunca supe sus nombres ni de sus intereses, tan solo había una comunicación visual, una alteridad poco levinasiana, a decir verdad. Aunque siempre pensaba, con poca modestia, en que alguien nos podría estar filmando por separado y así construir películas con nuestras vidas, al estilo de las de Aki Kaurismäki. (Artículo completo en Drugstore Magazine)

Yo, probablemente, no sea yo

Hace un par de días estaba con un amigo que ha escrito una novela; quería pasarme un borrador para ver qué me parecía, había alegado la semana anterior. Cuando abrí el manuscrito vi que el nombre del personaje era nombrado por una letra mayúscula, coincidente con la de su propio nombre. Antes de que hablase yo, dijo tajante:

—No es autobiográfico. —Me sorprendió su rotundidad.

—Pensaba en El ciudadano ilustre.

Él no la había visto, así que le conté más o menos de qué iba.

La interesante película filmada por Gastón Duprat y Mariano Cohn, presenta la situación de Daniel Mantovani (interpretado por un muy buen Óscar Martínez, premio en el Festival de Venecia 2016 a mejor actor), un escritor que vuelve a su pueblo natal, Salas, después de casi cuatro décadas, tras recibir el premio Nobel de Literatura. (Artículo completo en Drugstore Magazine)

Una taza de café en el estudio de Woody Allen

Habitualmente de dos a cuatro de la tarde hace un descanso para comer. Su trabajo empieza a las nueve de la mañana y de cuatro a siete continúa. No tiene un horario marcado por ningún jefe y puede repartir su tiempo como mejor le convenga, pero él cree que es mejor así. Es la rutina diaria que ha seguido durante los últimos treinta años, salvo cuando tiene que salir del estudio para realizar las labores propias de la promoción. En el estudio situado en un edifico de Brooklyn y que da a una pequeña plaza en donde hay una boca de metro suena con frecuencia Gustav Malher y Enrico Caruso. (Artículo completo en Drugstore Magazine)