Sobre ‘La miel’ de Tonino Guerra

Desde hace un tiempo, como individuo de la época en la que vivimos, me ha dado por pensar en el concepto de viaje: tratar de saber en qué consiste viajar. No es una idea original, desde luego: ahí están los mitos, Homero, el cine o miles de ejemplos más. Claro está que este no es el lugar de exponer ninguna conclusión ni nada por el estilo, si es que puedo decir que he llegado a alguna. (Texto completo en Cuatro Ojos Magacín)

«El libro de imágenes», de Jean-Luc Godard

«Yo no hago películas, hago cine» es la idea expresada por Jean-Luc Godard cuando se le cuestiona por su quehacer artístico ―y que puede apreciarse a lo largo de toda su trayectoria―. No hace falta señalar las innovaciones técnicas que aportó, como el tratamiento del raccord o los movimientos sin trípode, por poner dos ejemplos. Tampoco puede subsumirse bajo una mera categorización de sus distintas etapas cinematográficas. No es solo un personaje clave dentro de la nouvelle vague, o alguien que se le aleja del cine narrativo y pasa a hacer un cine de corte político (que no meramente panfletario); ni tan siquiera un experimentador a nivel visual, estético y técnico. Tampoco puede decirse, haciendo epojé, que es el autor de obras como A bout de soufflé, Vivre sa vie, Un film comme les autres, Sauve qui peut (la vie), Le mépris, Tout va bien… Su posición va más allá. Godard planea sobre cine, lo venera y lo violenta, lo cuida y lo agita.

En su última obra, El libro de imágenes (Palma de Oro Especial en el pasado Festival de Cannes), sigue esa vía abierta con la monumental Histoire(s) du cinéma (1988-1998), y, quizás, con una cierta continuidad con Ici et ailleurs (1976). (Texto completo en Cuatro Ojos Magacín)

‘Las infamias de un vizconde y otros cuentos de Buen Humor’, de Enrique Jardiel Poncela

Las vacaciones, ya se sabe, se presentan como espacios para los reencuentros y para los olvidos. En mi caso, hace unas semanas recibí la visita de un antiguo amigo que lleva años fuera del país. Cuando supe que volvía, me llevé una grata alegría y, en cuanto pudimos, concertamos una cita delante de un café. La primera impresión que tuve de él en un comienzo fue la lógica después de no ver a alguien durante tiempo, pero luego, en sus gestos y en sus actos, era fácil comprobar que aquellos cambios físicos no habían significado ningún tipo de cambio sustancial.

En el devenir de la conversación ocurrió que el tiempo que había transcurrido desde su marcha hasta ese día sí había modificado las cosas, hasta llegar al punto de que las palabras se entrecortaban con silencios excesivamente largos. Ambos nos dimos cuenta y, al final, optamos por la situación más sencilla: recurrir a hechos del pasado como puntos geográficos para justificar el café que estábamos tomando. Las anécdotas las sabíamos de memoria, pero ambos fingíamos un renovado interés en las banalidades de nuestro pasado común. La única estampa novedosa fue un recuerdo suyo poco interesante pero muy significativo para ver que no sabíamos bien qué hacíamos allí.

Me contó que, hace unos años, cuando ambos habíamos terminado la universidad, él empezó a trabajar en una oficina de una empresa de reparto; un trabajo cuya esencia reside en el traslado de paquetes. (Texto completo en Cuatro Ojos Magacín)

Entrevista a Andrés Goteira por el estreno de su opera prima ‘Dhogs’

Andrés Goteira: «Si al espectador no le ocurre algo por dentro, no le puedo hacer preguntas»

El 16 de abril de 2017, Andrés Goteira y su equipo de confianza se preparaban para viajar a Buenos Aires para estrenar su ópera prima, Dhogs, en el Bafici. Desde ese día, han sido múltiples las proyecciones por diferentes festivales, desde Sitges al FrightFest Film Festival de Londres, pasando por los festivales de São Paulo, Estambul o Bruselas, entre otros.
Acompañando a los visionados, llegaron (y siguen llegando) los reconocimientos y premios para una película que muestra su calidad pase tras pase. Consiguió trece Mestre Mateo, premios de la Academia Galega do Audiovisual, entre los que destacan mejor película, mejor dirección y mejor guion. Además del premio a Mejor Largometraje en el Festival Split de Croacia y en el Festival Nocturna de Madrid, recientemente ganó el Premio de la Crítica en el BIFFF de Bruselas. A pesar de todos estos logros, el equipo de Dhogs busca más, y la película los posibilita por su hipnotismo. En Cuatro Ojos Magacín hemos hablado con su director y nos ha quedado una conversación referencial y circular. (Entrevista completa en Cuatro Ojos Magacín)

‘El autor’ de vida o de novelas

Una de las maravillosas cosas que provoca el cine, al igual que la literatura, la música o cualquier tipo de actividad artística, es la capacidad que tiene para hacer volver a surgir ciertos retazos de nuestra vida, ya fuesen momentos pasados, ilusiones o engaños. Así, el viernes pasado, al salir del cine, no podía sacarme de la cabeza a un compañero de los últimos años de instituto, al cual casi tenía olvidado; de hecho, tan solo recordaba su mote, y hasta el sábado no pude saber cómo se llamaba exactamente.

Este compañero dedicaba mucho de su tiempo a pintar. Quería ser pintor a toda costa, cuando muchos no conocíamos a algunos pintores, él era capaz de hablarte no solo de sus obras, sino de cómo había sido el proceso de creación: qué situación había llevado al artista en cuestión a pintar, cómo conseguían los materiales, sus horarios, las adicciones que tenían y cómo influían, etc. Nos quedábamos asombrados por la cantidad de conocimiento que tenía de las obras. Y, después de contarnos todos aquellos detalles, soltaba un lacónico “pero lo que importa, lo que queda, es la obra”. (Texto completo en Drugstore Magazine)

‘Sylvia’ de Leonard Michaels

Quizás, una de esas magníficas acciones que desempeñamos los seres humanos sea la de centrar gran parte de nuestras vidas en actos sin lógica y sin ningún tipo de criterio racional. Ejemplo de ello puede ser cualquiera de nuestros felices vicios, costumbres absurdas o actos banales, siempre con el fin de cumplir una impostada necesidad que, mientras tanto, nos desliza a través del tiempo.

En la novela Sylvia (Libros del Asteroide, 2017) de Leonard Michaels nos encontramos con, como señala Alan Pauls en el prólogo, «la versión estilizada del primer, catastrófico matrimonio» del autor. Por tanto, la historia tiene como protagonistas a un joven aspirante a escritor de 27 años y a la mujer que da título a la obra, de 19, cuya relación es la base que sostiene todo el argumento. Pero, por si queda alguna duda, el siguiente fragmento detalla a la perfección la clave de esta obra de ficción autobiográfica: «Estoy sin trabajo, sin trabajo, sin trabajo. No he publicado nada. No tengo nada que decir. Estoy casado con una loca». (Texto completo en Cuatro Ojos Magacín)

The National: calidad y calidez en la melodía

En los momentos de cambio de estación parece que el mundo se detiene y que por fin se presta un mínimo de atención a aquello que revela una belleza que nunca se esconde, pero en la que generalmente no reparamos: la luz de la tarde que envuelve nuestras acciones, el calor de una mirada que no esperábamos o el camino de vuelta a casa cotidiano.

Aunque en ocasiones cueste encontrar un sentido para todo lo que hacemos, porque la incertidumbre de nuestras vidas nos conduce a un estado de alteración permanente (desde el aburrimiento a la excitación), y que contribuye a perpetuar una época en la que a nadie parece interesarle nada que no esté relacionado con su yo más allá de los cinco minutos que dura como lo más visto o lo más comentado en no se sabe qué parte de la realidad, trabajos como Sleep Well Beast de The National pueden ayudar a reorientar nuestra perspectiva, ya que son propicios para… (Artículo completo en Drugstore Magazine)

‘Los ojos de Greta Garbo’ de Manuel Puig

Hace un par de días me estaba tomando una cerveza con un buen amigo que se dedica a la docencia. A pesar de que las materias que imparte no tienen nada que ver con el cine, todo en su vida gira en torno a esa gran pasión. Así, cuando quiere describir a alguien o resaltar algún tipo de actitud, generalmente lo hace recurriendo al séptimo arte. Sus últimas descripciones han sido las siguientes: «Tengo un alumno que casi no habla, todo en él se describe con sus actos. Me recuerda a Jonnhy Boy». Y también: «La chica de la que te hablé el otro día, la alumna rubita, cuando dices algo que se sale del discurso, saca una mirada como la de Marine Vacth en Jeune et Jolie», por lo que no es de sorprender que, cada vez que aparece publicado un libro que tiene relación con el cine, se emocione y corra a por él.

Es posible que una de esas perlas que aparecen de vez en cuando en los estantes de las librerías sea Los ojos de Greta Garbo (Alfabia, 2017), de Manuel Puig. Se trata de un libro que consta de siete relatos escritos en italiano (Texto completo en Cuatro Ojos Magacín)

‘Al otro lado del río y entre los árboles’ Ernest Hemingway

Si repasamos la cronología de publicación de las obras de Ernest Hemingway, nos encontramos con que Al otro lado del río y entre los árboles fue publicada en 1950, dos años antes que El viejo y el mar y una década después de Por quién doblan las campanas, lo que podría hacernos pensar, si nos despistamos, que se trata de una novela menor; quizás porque las adaptaciones al cine de sus obras más conocidas hayan permitido una mayor difusión entre muchos tipos de público o, incluso, por motivos que no sabemos especificar con precisión.

En cualquier caso, en esta novela nos encontramos los grandes temas del escritor estadounidense: el amor, la muerte y la guerra, fundamentalmente. Aunque, como era de esperar, el iceberg esconde mucho más.

El coronel Richard Cantwell, hombre ya maduro y con problemas cardíacos, acude a Venecia a pasar unos días con el pretexto de cazar patos y, sobre todo, reunirse con su amada: una joven aristócrata veneciana llamada Renata. Sin entrar en el juego entre qué hay de realidad y qué de ficción (de sobra identificados son los reconocimientos que se producen en la obra, y que el propio Hemingway trata de evitar en la nota precedente al texto), la correlación entre la historia de amor y su ubicación parece excelente. Si la propia historia del siglo xx, que concentra dos guerras mundiales, supone ya de por sí un tiempo complejo tanto en su estructura como en su contingencia, la historia de amor entre un hombre maduro que ve más próxima su muerte y una mujer cuasi postadolescente a la que le queda toda una vida por delante se desempeña en una ciudad que, en su carácter fantasmal, representa mil posibilidades escurridizas. (Texto completo en Cuatro Ojos Magacín)

‘Cuidados paliativos’, José Antonio Llera

Es posible que uno de los síntomas de nuestra época sea la dispersión. La cantidad de cosas, experiencias y momentos que se nos venden suele provocar la necesidad de encapsular nuestra vida en distintos formatos: fotografías, audios, vídeos, etc., por lo que mantener cierta continuidad en nuestras tareas cotidianas resulta, cada vez, más difícil.

Y es que, en la época de la búsqueda de la eterna juventud mediante el cronometraje deportivo en aras de una hipotética mejor salud, parece que el tiempo importa más que nunca y, por ello, todo necesita ser clasificado para que las cosas estén claras y no haya confusiones. Únicamente nos permitimos ese no-tiempo en las redes sociales y en el almacenamiento cuasi infinito de la nube. Pero incluso así, esa inversión de lo que parece un no-tiempo busca ser una inversión para ganar momentos y experiencias. Y aquí puede acusarnos el lector (no injustamente) de contribuir a perpetuar lo mismo que describimos cuando hacemos estas reseñas que dan una subjetiva, modesta y para nada modélica lectura y visionado de diferentes libros y películas. (Texto completo en Cuatro Ojos Magacín)