Relato aparecido en Espacio Ulises: ‘Masculinidad desorientada’

Méndez está enamorado de Sara. Llevan cuatro años de relación y desde hace medio viven juntos. Sin embargo, durante los últimos ocho meses no ha podido dejar de pensar en una compañera de trabajo llamada Gabriela. No es algo novedoso ya que otras veces se ha fijado en distintas mujeres. Lo ha justificado apelando a una extrema sensibilidad ante la belleza. Siempre ha definido esas interferencias como caprichos, pero teme que esta vez no sea un mero antojo porque su obsesión por ella, como se dice a sí mismo, dura demasiado.

A pesar de la sensación que ahora experimenta, no duda de su amor ni de su compromiso con Sara. Es más, como dispositivo de autoprotección le ha hecho saber a su pareja de la existencia de su compañera. En sus bromas a Sara aparece un personaje llamado Gabriela que hace referencia a la persona real, y cree que mediante el humor puede crear una distancia entre él y la propia Gabriela que acabe por convertirla en una especie de fantasmagoría. Méndez define este proceso como una sublimación humorística con efectos en la realidad, aunque es cierto que en el fondo -porque no lo quiere reconocer-, duda sobre el significado de tal mecanismo y de su eficacia. (Texto completo aquí)

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