‘Repelencias’, Rafael Azcona

El calor aprieta y la actividad cotidiana continúa su ritmo, así que, a pesar de que en ocasiones lo que apetece es parar y tomar una cerveza para olvidarnos durante un rato de nosotros mismos, no pueden dejarse de lado las obligaciones. En mi caso, no hace muchos días tuve que acudir a una sucursal bancaria a efectuar el pago de un recibo.

Una vez allí, después de esperar una interminable cola y un calor insoportable, me invitaron a pasar a una salita minúscula que, menos mal, tenía una temperatura agradable. Presenté el documento y, mientras el hombre con camisa y corbata realizaba el pago telemático, comenzó a ofrecerme una serie de productos financieros. Podría decir que, generalmente, nunca me han interesado esos tipos de servicios, aunque la gama es cada vez más amplia y rocambolesca. El empleado (que estaba haciendo su trabajo como buenamente podía) debió de notar cierta apatía en mi rostro, a pesar de que yo trataba de fingir cortésmente un cierto interés en respeto hacia su trabajo. (Texto completo en Cuatro Ojos Magacín)

La confesión violentamente pasional de Pablo Und Destruktion

La última frase que escribí fue: “Y, después de la tormenta: silencio”. Me levanté y cogí el coche sin tener una dirección clara, pero, de cualquier modo, decidí salir de la ciudad e internarme hacia el rural para ver campos verdes, casas de piedra y gente —poca, y cada vez menos joven— que llevan otro ritmo de vida. Sin luces de escaparates, pero con caminos de tierra; con el sonido del viento, pero sin el murmullo de las calles abarrotadas.

Ocurre, en ocasiones, que uno necesita parar o, cuanto menos, moverse de una manera distinta a la habitual. Este desplazamiento es posible, muchas veces, gracias a la música. Ver cómo interactuamos con ella y cómo nos amplía el abanico de posibilidades de relacionarnos con nuestro entorno es una de las funciones más enriquecedoras que pueden darse escuchando un disco. Así ocurre con la música de Pablo García Díaz, más conocido como Pablo Und Destruktion. (Artículo completo en Drugstore Magazine)