Ítaca persigue a Ulises

“Salida del metro. Túneles. Gente subiendo por escaleras mecánicas. Corriente de aire a x grados que simula ser aire fresco. Cemento en contacto con la zapatilla. Suelo, suciedad, desgaste. Vida rápida e impersonal. Así se podría describir de una forma aséptica, casi científica, los datos según se perciben en una salida del metro corriente. Pero no vale la pena pensarlo: es el último día aquí, mañana estaré en Portugal. Vuelta a casa. Adiós a la vida de estudiante de intercambio”, piensa mientras atraviesa la salida del metro y sube las escaleras para salir a la calle. “Es temprano, quedan diez minutos para que llegue Marta. Posiblemente la última vez que la vea… No, no voy a ser trágico. Posiblemente la última vez que la vea en un largo tiempo”. (Relato completo en Drugstore Magazine)

Fin de la Historia

Sí, lo sé; no hace falta que me lo repitas otra vez. Ya, me callé, en aquel momento me callé. Pero ahora permíteme que te diga una última cosa: el silencio no rompe cristales, pero destroza a uno mismo. Sé que es necesario entender, aunque llegue tarde. Después del camino, sí, ya sabes, a la orilla del mar, embravecido, donde podría haber caído… pero no sucedió. Y al fondo, un horizonte difuso y después otra vez el mar, de color verde, oscuro, cada vez más oscuro. Espera, esmeralda, sí, esmeralda me gusta más. El mar de color esmeralda. (Relato completo en Drugstore Magazine)

Saúl en el infierno

Fabricar historias enlatadas es casi lo único que hace Hollywood. Una gran industria con potencial económico y propagandístico que se repite hasta la saciedad. Vestidos, bellezas oficiales, importantes cuentas bancarias y falsedad es lo que acostumbra a desfilar por la alfombra roja. Vender como arte algo que no lo es, es su especialidad, salvo excepciones, por desgracia cada vez menos frecuentes en las últimas décadas. Flaco favor le hace al Cine, con mayúsculas, lo que se promociona por allí. (Artículo completo en Drugstore Magazine)

Ruidos, cosas y Bresson

La mayoría somos conscientes de que en muchos de los establecimientos en los que compramos cosas utilizan la música, la radio o alguna clase de sonido, generalmente con un volumen elevado, como una técnica que promueva las compras. Es más, si lo que está sonando no nos gusta, es posible que alguien saque el móvil y, con unos auriculares, escuche otra cosa. O no. Pero lo cierto es que hoy todo suena y la combinación aleatoria de esos sonidos provoca ruido. Es una característica de nuestra vida postmoderna. Otra podría ser, la capacidad de generar basura en grandes cantidades. Nos parece lógico, hoy todo es de usar y tirar. Nuestras papeleras y contenedores son un certero ejemplo de nuestros hábitos y modos de vida. (Artículo completo en Drugstore Magazine)

La mirada de Sorrentino

Me imagino a Paolo Sorrentino mirando un vaso de agua mediado. Observando su quietud y pensando en la línea que divide el aire del líquido elemento, reflexionando cómo se puede contar con imágenes el límite. De igual modo que ha hecho con los problemas de sus personajes.

En Youth (2015) da una vuelta de tuerca más a lo planteado en La Grande Bellezza (2013). Lo que antes planteaba como una vida de exceso, en una incansable relectura de La dolce vita (1960) de Federico Fellini, se presenta ahora como una especie de barroco recogimiento. Un juego de sístole y diástole que se necesitan y se compenetran. (Artículo completo en Drugstore Magazine)

Chubasqueros amarillos o el cine de Theo Angelópoulos

Pintar con una cámara. Combinar planos y colores; personajes y estados de ánimo. Eso es lo que hace Thódoros Angelópoulos (1935 – 2012) con su cine.

Si los pintores tienen unos colores preferidos que se reflejan en sus obras, por qué no lo va a hacer un cineasta –el término “director de cine”, para este griego fallecido tras un atropello cuando buscaba exteriores para una película, se queda corto–, se preguntaba a sí mismo Angelópoulos.

Pintar con una cámara. Combinar planos y colores; personajes y estados de ánimo. Eso es lo que hace Thódoros Angelópoulos (1935 – 2012) con su cine.

Si los pintores tienen unos colores preferidos que se reflejan en sus obras, por qué no lo va a hacer un cineasta –el término “director de cine”, para este griego fallecido tras un atropello cuando buscaba exteriores para una película, se queda corto–, se preguntaba a sí mismo Angelópoulos. Y lo cierto es que en sus películas, con esa mirada pausada y profunda, priman los colores azulados, en todos sus matices, hacia un lado y otro, hasta llegar a los múltiples grises. Un juego perfectamente articulado y pensado con la cámara que susurra al espectador un “mira” que solamente se puede sentir comprendiendo. (Artículo completo en Drugstore Magazine)